Mejores prácticas para la relación entre gerente y empleado

Escrito por Ruth Mayhew | Traducido por María Echenique

Las buenas relaciones entre el empleador y el empleado no ocurren por casualidad. Son el resultado de estrategias y actividades que los gestores de relaciones con los empleados diseñan para mejorar la comunicación entre los empleados y la dirección. Los gerentes de relaciones con los empleados crean formas de potenciar las actitudes de los empleados. Las mejores prácticas incorporan las leyes laborales y de empleo, ingenio y expertos en recursos humanos, para desarrollar prácticas que mejoren las relaciones de trabajo.

Acceso a recursos humanos

Una de las maneras más eficaces de reforzar la relación empleador-empleado, es a través del tiempo cara a cara, es decir, del aumento de las interacciones personales con los empleados. Con demasiada frecuencia, el departamento de recursos humanos se encuentra en una zona remota y de difícil acceso en el lugar de trabajo. Esto no permite que los empleados puedan realizar una parada rápida para preguntar al personal de recursos humanos sobre beneficios, impuestos, nóminas y cuestiones laborales. Las mejores prácticas para las relaciones con los empleados incluyen hacer que el departamento de recursos humanos sea más accesible a los empleados. Los gerentes de relaciones con los empleados mejoran este acceso, modificando los horarios del departamento de recursos humanos para que se acomoden a los horarios de los empleados y hablando con los empleados durante recorridos habituales en el lugar de trabajo, para poner una cara que represente a recursos humanos.

Percepción

Poner una cara que representa a recursos humanos, cambia la percepción que se tiene de este departamento, al que algunos empleados describen como el equivalente a ir a la oficina del director de la escuela. Cuando la mayor parte del trabajo de un gerente de relaciones con los empleados es enseñar a los supervisores y gerentes a administrar la disciplina y los efectos de las acciones laborales negativas, los empleados sienten que la función de recursos humanos no es la de un defensor de los trabajadores. Las mejores prácticas implementan y apoyan actividades que mejoran la percepción que se tiene de recursos humanos, desde un departamento administrativo a uno que actúa en el mejor interés de la organización, su fuerza de trabajo y los empleados individuales. Tratar a los empleados como clientes internos es un gran paso en el avance hacia una interacción positiva con ellos.

Comunicación

Mantener una línea abierta de comunicación con la alta dirección es un paso esencial para mejorar la relación empleador-empleado. Los gerentes de relaciones con los empleados participan en intercambios periódicos con los directores. Las conversaciones regulares sobre la estrategia del lugar de trabajo y el estado del capital humano, mejoran la posibilidad de recursos humanos de ser adoptado como un miembro integral del equipo de liderazgo de más alto nivel de la organización. El liderazgo de más alto nivel incluye al equipo de directores de gestión, es decir, al director ejecutivo, al director financiero, al director de información y al de recursos humanos. Ganar el acceso a este grupo de élite es un progreso logrado con la ayuda de los gerentes de relaciones con los empleados, que se comprometen con las mejores prácticas de comunicación.

Satisfacción del empleado

Los gerentes que se centran en las relaciones con los empleados, dedican una cantidad significativa de su tiempo a medir y asegurar la satisfacción en el trabajo. Utilizan herramientas como grupos focalizados, encuestas, conferencias con cada uno de los supervisores y gerentes, y entrevistas de salida, para determinar las causas de la baja moral de los empleados. Las tareas más efectivas que tienen los gerentes de relaciones con los empleados, es identificar aquello que subyace en la satisfacción del empleado y resolver las cuestiones que provocan insatisfacción en el trabajo. Dicho esto, las mejores prácticas implican el desarrollo de planes de acción y el establecimiento de metas para corregir problemas en el trabajo; siempre en una dirección de arriba hacia abajo, con el apoyo y la asistencia del liderazgo ejecutivo.

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