Consejos para evaluar a tu jefe

Escrito por Sophie Johnson | Traducido por Xochitl Gutierrez Cervantes

Ya sea que se llamen encuestas de actitudes, evaluación de subordinados a gerentes, evaluaciones de desempeño vertical hacia arriba o procesos de evaluación gerencial; todas son formas de evaluar a un jefe, por consiguiente, todas representan riesgos. Según el Sistema de Evaluación (SIGMA, por sus siglas en inglés), este tipo de evaluaciones produce beneficios positivos porque mejora la gestión y hace a los empleados más comprometidos. Sin embargo, estos beneficios se producen sólo si se toman las precauciones necesarias para proteger tanto a los gerentes como a los empleados. El anonimato es la clave para que se produzcan estos beneficios. Si te pidieron evaluar a tu jefe sin anonimato, aborda la tarea con calma y objetividad. Considera las consecuencias a largo plazo y aborda el asunto con honestidad.

Política de la empresa

Por lo general, la política de una empresa dicta cómo se llevará a cabo la evaluación, su forma y frecuencia. Señala lo que es habitual y prepárate para las consecuencias. Tu enfoque para evaluar es probable que cambie en función de si ésta se lleva a cabo de forma anónima, si se hace por escrito o si se realiza en un ambiente de grupo con un representante de la gerencia haciendo preguntas a cada uno de los compañeros de trabajo.

Propósito

Antes de la evaluación, conoce el propósito de la evaluación y para qué se va a usar. A veces las evaluaciones se utilizan para cambiar las políticas o los procedimientos que afectan a los empleados de la empresa. Otras veces, es un factor para decidir la promoción de un jefe y su posible compensación. Por lo tanto, considera la forma de retroalimentación según corresponda.

Honestidad

Sé honesto, pero con tacto. No utilices la evaluación como una oportunidad para vengarte de tu jefe o para ventilar resentimientos. Si lo haces, crearás descontentos y nadie creerá en tu evaluación. Siempre, trata de ser constructivo, respetuoso y muestra generosidad como un principio a seguir en lo que dices y en cómo lo dices.

Prepara

No esperes hasta el día de la evaluación para tener una opinión acerca de la actuación de tu jefe. La preparación es fácil si la empresa te deja conocer los criterios de medición que aplicará en la evaluación. Si tu empresa no es así, observa las fortalezas y debilidades de tu jefe, destacando cualidades como su capacidad para actuar bajo presión, su accesibilidad, su capacidad de respuesta, su actitud de equidad, sus habilidades para tomar decisiones, su resolución ante los problemas, su capacidad para comunicar expectativas, sus habilidades de motivación, así como su profesionalidad y apoyo a los empleados.

Ilustra

Debes estar preparado para respaldar tus opiniones. Si solicitan tu opinión, narra una situación que la ilustre, haz algunas sugerencias para mejorar el trabajo pero hazlo como un deseo personal sin llegar a ser acusatorio. Por ejemplo, en lugar de decir que hubo retraso en la presentación de un informe, porque a tu jefe lo llamaron a una reunión improvisada que se llevó dos horas más del tiempo requerido, justo ese día que se debía presentar dicho informe. Puedes decir, en cambio, que sería de gran ayuda que las reuniones se programarán con anticipación suficiente o que las reuniones improvisadas fueran más breves y sucintas, en los días en que se deben presentar informes. Haz que los otros perciban tus sugerencia como una luz positiva.

Evita opiniones de grupo

Las evaluaciones en grupo representan un peligro. A menudo, las frustraciones acumuladas de los trabajadores se intensifican y la evaluación se convierte en una sesión de denuncias. No te unas al grupo. Tu silencio, probablemente te favorecerá y el líder puede solicitar específicamente tu participación. Si las quejas son válidas, reconoce la problemática, pero trata de enmarcar el problema en un contexto más amplio que vaya más allá. Por ejemplo, podrías estar de acuerdo en que los horarios se retrasan, pero agrega que el servicio de Internet irregular es parte del problema. Esto puede reorientar la sesión hacia la imparcialidad y salvar la postura de tu jefe. Esta delicadeza será muy útil, sobre todo si en la reunión se encuentra presente el jefe de tu jefe, ya que él recordará quién estaba ansioso por lanzar piedras.

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